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El pasado dos abril se convirtió en un día histórico en lo que se refiere a las relaciones de política exterior. Ese día se firmó el pacto de desnuclearización de Irán firmado multilateralmente entre Estados Unidos, Irán, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania.

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Este acuerdo tiene varios aspectos a analizar, por un lado supone la normalización de relaciones entre dos eternos enemigos como son Estados Unidos e Irán. Sólo hace falta echar la vista atrás y recordar los tiempos de George Bush y Mahmud Ahmadineyad, cuando el presidente estadounidense colacaba a Irán en el denominado eje del mal, y la escalada en el desarrollo nuclear por parte de Irán, siempre bajo la premisa de uso civil. Pero en una zona tremendamente inestable, el hecho de una remota posibilidad de desarrollo nuclear pone de los nervios a los paises vecinos.

Es por eso que el cambio de presidentes, primero con Obama y luego con Hasán Rouhaní, ha ayudado a cambiar la situación. Y es que esta es una zona en la que no es raro que para Estados Unidos sus amigos pasen a enemigos, y viceversa (basta recordar a Sadam Hussein). Y vista la inestabilidad de la zona, con la guerra civil en Siria, la aparición del Estado Islámico y cómo esta causando estragos en Irak, lo que menos necesita la política exterior estadounidense es tener más frentes abiertos.

Tampoco por parte iraní les servía cerrarse en banda como tiempo atrás ya que eso el único resultado que ha tenido ha sido potentes sanciones internacionales que le han asfixiado económicamente.

La otra vertiente del conflicto son aquellos que ven con recelo el acuerdo, como las propias oposiciones internas en cada país y los aliados de la zona de Estados Unidos, ya que ni Arabia Saudí ni Israel ven con buenos ojos el acuerdo y han protestado ante este hecho, por considerarlo insuficiente y normalizar el hecho de que potencialmente Irán pueda desarrollar en un futuro una carrera armamentística nuclear.

Hasta aquí más o menos lo que ya sabíamos, pero nosotros nos preguntamos ¿por qué tiene tanto interés Irán en el desarrollo de energía nuclear cuando es el cuarto productor mundial de petróleo y sexto de gas? ¿acaso no tiene posibilidades de apoyarse para esos recursos energéticos que necesita para su pueblo la capacidad de desarrollar energías limpias? Parece ser, por tanto, que importa más el hecho de acaparar esas capacidades de desarrollo que de lo realmente importante, trabajar para preservar el planeta y tomar medidas desde ya para abandonar las energías sucias.

No estaría de más que tanto a ellos, como al resto de asistentes del cónclave realizado en Laussane explicarles, si es necesario con marionetas, la Teoría de Hubbert, según la cual quedan como mucho 150 años de explotación petrolífera, y que se traduce en algo tan básico como que a mayor escasez, mayor será la escalada de precios. Aún así, si somos sinceros y humildes, más que el precio del barril, lo realmente importante será el riesgo de agotamiento de los recursos naturales del planeta que no solo pondrá en riesgo la supervivenciencia del ser humano si no también la del resto de especies.

Las futuras generaciones tendrán un papel importante en lo que al desarrollo nuclear respecta, pero no debemos olvidar que aún hoy su educación, el desarrollo sostenible y el cuidado de nuestro medio depende de nosotros. Si no ejercemos estas tres con conciencia, habremos fracasado como especie.

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